Lo peor de terminar algo es no saber qué viene después. Disfruté todo el proceso que me trajo hasta aquí, pero siempre está ese pensamiento ansioso rondando: ¿qué va a pasar ahora?
Estoy a punto de terminar la universidad. Solo me falta defender mi tesis y ya podría graduarme. Pero justo en este momento me siento... perdido. Planeé mi vida hasta este punto con tanto detalle, y ahora no tengo ni idea de qué sigue. La idea de explorar el mundo laboral me asusta. Me aterra hacerlo mal, especialmente porque estoy entrando a una profesión donde una palabra puede ayudar o dañar a una persona.
Todos dicen que uno realmente aprende es trabajando. Pero, ¿y si en ese proceso de "aprender" cometo errores que afecten a otros? Sé que nadie se vuelve experto de la noche a la mañana. Todo toma tiempo, práctica y mucha constancia. Lo que me empuja hacia adelante es mi propia determinación. En serio quiero ejercer la psicología.
Lo que me da miedo es terminar trabajando en un lugar que no me haga sentir bien, en donde no pueda ser yo o no pueda ayudar como quisiera. ¿Y si no logro entrar a trabajar al hospital o clínica que deseo? Sé que debo empezar desde cero, aceptar las oportunidades que lleguen al principio... y aunque eso me asuste, trato de verlo como parte del aprendizaje. Estoy aquí para aprender y para ayudar.
No es egoísta querer aprender, todo lo contrario: quiero formarme para ser mejor profesional, para tener un consultorio donde la gente se sienta segura, acompañada, donde de verdad pueda mejorar su vida. Y para eso, tengo que comenzar por algún lado, aunque no sea perfecto.
Ojalá existiera un truco para saber en quién me voy a convertir. Pero la verdad es que el truco está en el día a día. Cada decisión, cada paso, cada intento —todo eso se acumula y me va moldeando. Así que hoy, en medio de todo este miedo y confusión, me digo a mí mismo: ánimo, que todo esto vale la pena💖