jueves, 1 de mayo de 2025

Quiero que te vayas (por favor quédate)

El suicidio es uno de los problemas más dolorosos y difíciles de comprender en nuestra sociedad. A menudo se asume que quienes lo consideran lo hacen porque desean morir, cuando en realidad intentan escapar de un dolor emocional que les resulta insoportable. La película Violet and Finch (2020), disponible en Netflix, nos sumerge en esta realidad a través de la historia de dos jóvenes marcados por el dolor, la pérdida y una búsqueda desesperada de alivio. Este ensayo reflexionará sobre cómo las heridas del pasado y las emociones pueden influir en la conducta suicida, utilizando a Finch como ejemplo de alguien que, a pesar de parecer fuerte y dispuesto a salvar a otros, no encontró la ayuda que necesitaba para salvarse a sí mismo. Hablar del suicidio es incómodo, pero necesario: solo así podremos aprender a reconocer las señales, tender puentes y, quizás, salvar vidas. 



"Necesito tiempo, no necesito ayuda, no entiendes, soy raro, soy el anormal, quiero que te vayas." Esas fueron las palabras que Finch le dijo a Violet antes de tomar la trágica decisión de quitarse la vida. Tal vez esas palabras lo atraparon, lo envolvieron en un espiral del que no pudo salir, haciéndole perder el valor en sí mismo y olvidar la importancia que tenía para quienes lo querían. Muchas veces el pasado nos marca tan profundamente que nos atrapa, llevándonos al dolor, al sufrimiento, y a la culpa.

El suicidio no es solo el acto de terminar con la vida física, sino muchas veces es un intento desesperado por acabar con un dolor emocional que parece insoportable, un dolor que es mucho más difícil de curar que el físico. Mientras para el dolor corporal podemos acudir a una farmacia, para el sufrimiento emocional no existe una cura rápida: requiere tiempo, apoyo y un proceso de sanación que puede durar años, sobre todo cuando está relacionado con traumas de la infancia.

Finch no tuvo una infancia feliz: creció con un padre violento que nunca le mostró amor, solo golpes y maltrato. Esto fue un factor que lo fue aislando, alejándolo del mundo y llevándolo a perderse —no solo físicamente, en lugares escondidos— sino emocionalmente, hasta quedar solo consigo mismo. Una de las frases que más repetía era "mantenerme despierto", porque no quería quedarse atrapado en ese sufrimiento. Pero a veces, cuando no sabemos soltar, el dolor nos consume, nos quita el control y nos empuja a tomar decisiones extremas.



El suicidio puede ser el resultado de años de sufrimiento acumulado, que un día rebasa nuestros límites y nos hace “explotar”. Cada persona enfrenta ese límite de manera distinta; lamentablemente, en el caso de Finch, fue acabando con todo. Si somos empáticos, podemos entender que Finch no quería necesariamente morir, pero el peso de su dolor emocional era tan grande que sobrellevarlo se volvió demasiado difícil. Sanar requiere mucha energía y enfrentar el dolor una y otra vez, algo que no todos logran sostener solos.

El suicidio y la conducta suicida son problemas que pueden afectar a cualquiera, sin importar edad, género o condición social. Algunos signos de alerta incluyen sentirse atrapado, desesperado, querer desaparecer, experimentar ansiedad, irritabilidad, inquietud, y ver afectado el rendimiento en la escuela o el trabajo. Si no atendemos estas señales, las consecuencias pueden ser devastadoras. Lo peor es que estos pensamientos negativos van creciendo, como una tormenta que amenaza con apagar nuestra luz. A veces llega un arcoíris que calma la tormenta, pero cuando no aparece, la oscuridad puede volverse insoportable.



Finch rara vez hablaba de lo que le pasaba. Su dolor era invisible para los demás, incluso para Violet, quien pensó que ella era quien necesitaba salvarse. Finch ayudó a Violet a superar la muerte de su hermana, pero nadie ayudó a Finch a enfrentar su propio sufrimiento. Esto muestra cómo muchos factores de riesgo pueden acumularse y aumentar la probabilidad de un desenlace trágico.

A veces no somos capaces de enfrentar nuestros pensamientos ansiosos o depresivos. Podemos creer que estamos bien, pero en realidad estamos atrapados en ideas de desaparecer. Por eso es fundamental prestar atención a las señales de las personas cercanas a nosotros. La conducta suicida casi siempre deja pistas; debemos aprender a verlas, incluso cuando parecen pequeñas. Finch se aislaba de su familia, amigos y novia, y para los demás eso parecía normal. Sin embargo, detrás de cada suicidio hay un impacto devastador en quienes quedan: padres, hijos, parejas, hermanos, amigos. El dolor que sintió Violet al no encontrar a Finch se convierte en culpa, en los terribles “¿y si…?”: ¿y si no hubiéramos discutido?, ¿y si me hubiera dado cuenta antes?, ¿y si lo hubiera escuchado más? Aunque el tiempo pase, un recuerdo, un olor, una mirada pueden volver a despertar ese dolor.



La conducta suicida no solo afecta a quien la comete; arrasa con todo a su alrededor. Aunque pueda sonar repetitivo, hablar ayuda. A veces creemos que no hay solución, pero a veces está ahí, esperando, y solo necesitamos mirar un poco más allá. 

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